Soul. Destilado de Cabernet Sauvignon, «Espirituoso».
Lo espirituoso en la marca, el destilado de El Clandestino. El desarrollo de líneas de productos nos hace posicionarnos con una estrategia clara para la apertura de la continuidad del relato de marca.
Dicen que el dueño trajo dos trabajadores de la mina El Teniente, expertos en la mañas de la transformación del cobre y otros metales de alta estima. Ellos llevaron todos sus artilugios y se encerraron en una bodega en donde luego de largas jornadas y de de largos tragos, fueron diseñando con gran esmero y estilo, casi como en un trabajo de orfebrería, una máquina que brillaba como una joya digna de ser tocada sólo por algunos escogidos: un alambique único y excepcional. Buscando los mejores mostos de la viña fueron probando, cual laboratorio, durante largos meses, que llegaron a convertirse en unos pocos años, hasta encontrar el elixir anhelado: el destilado de vino que hacía honor a la promesa de revivir el espíritu, sacar el alma del cuerpo, decía uno de ellos o volver el alma al cuerpo decía el otro. Fue en una de esas largas jornadas en que llegó de visita un gran amigo del dueño, este era gringo, neoyorquino, había llegado con una sola maleta en un viaje de varios meses por barco a sudamérica escapando de malos negocios y muchos otros malos amores. Él decía que había salido de su tierra porque su alma estaba vacía y muchas veces en su largo viaje pensó que su alma estaba ya muerta y sólo quedaba de él un cuerpo que mover y alimentar. Cuando llegó a la rinconada de Placilla, lo esperaba el dueño junto a la madame, ella para esa ocasión sacó sus mejores y mas elegantes prendas con el fin de dejar la mejor impresión a tan insigne e ilustre huésped.
Traía consigo un corbatín azul oscuro como la noche y sus ojos estaban tristes como si la vida lo hubiera dejado abandonado. Su pelo era rojo, desordenado, crespo y aún quedaban en su rostro algunas pecas que sobrevivieron a una juventud apagada en la vida bohemia de New York. Lucía un broche de cobre que se lo había heredado de su bisabuelo que había pasado alguna vez en su juventud una vida de jolgorio en Chile en la época del auge minero. Cuando fueron presentados él extendió su larga y delgada mano con la intención de saludar rindiendo honor a la anfitriona, con un suave beso en la mano de la madame… su espíritu estaba tan agobiado que sólo murmuraba su tristeza, y lo único que se entendía era soul pain “dolor de alma”. Como su abatimiento era tan grande todos le entendían Saúl, por lo que fue rápidamente bautizado y conocido así. Con el tiempo y la experiencia de volver a sentir su corazón latir y su alma cantar, se fue convirtiendo en el barman, aquel que sabe escuchar las penas y que ayuda a ahogarlas en largas jornadas de cocteles.
La promesa del destilado: “El espíritu del vino”.
La transformación del espíritu, la almática de la destilación y su experiencia espirituosa.