La asesoría desde la mirada del diseño nos permite como Diseño a la Carta® presentarnos frente a cada tema desde diversas plataformas. Cuando nos vimos con la gran oportunidad de realizar un trabajo de marca para un Centro Cultural (anhelo de todo diseñador), nos encontramos con grandes sorpresas que nos trajo a nuestra mesa la historia de una gran y apreciada persona de la historia cultural y patrimonial de Chile y en especial, de la comuna de Las Cabras: MARGOT LOYOLA.
El proceso de conocer su historia y llegar al desarrollo y propuesta de marca nos hizo reflexionar sobre un tema no menor:
¿Quién es Margot Loyola Palacios?
Esta pregunta puede ser interpretada –al menos- desde dos perspectivas: en primer lugar quién fue Margot Loyola Palacios desde la óptica de quienes la conocieron tanto personalmente como a su obra; en segundo lugar, quién fue Margot Loyola Palacios desde la mirada íntima de su propia persona.
Fue una recopiladora, intérprete, etnógrafa, folclorista, académica, docente y musicóloga. Estas facetas están claramente validadas por el enorme trabajo desplegado por Margot Loyola a lo largo de su vida artística-creativa, sin embargo, ninguna de dichas características unidimensionales nos permite comprender a cabalidad su forma de pensar y actuar. Por ende y, considerando la segunda perspectiva, probablemente sea la misma Margot Loyola quien, desde su experiencia cotidiana, haya logrado esclarecer con mayor precisión la naturaleza de su existencia y por ende, el valor real de su trabajo. En este sentido, unas palabras muy conocida con la cual ella misma se definía, permite arrojar luces respecto a su carácter y mentalidad:
…un poco campesina, un poco maestra, un poco cantora…”
Esta particular frase, permite poner en relieve las notables y flexibles habilidades de la artista, la cual, dotada de una energía inagotable y de una capacidad de adaptación grandiosa, podía integrarse a cualquier grupo o comunidad social para llevar a cabo sus investigaciones. Siguiendo esta misma autodefinición –surgida desde su experiencia vital- se puede atribuir a la referida artista, el rol de “bricoleur” según el antropólogo y etnólogo francés Claude Levi-Strauss:
Es el que obra sin plan previo y con medios y procedimientos apartados de los usos tecnológicos normales. No opera con materias primas, sino ya elaboradas, con fragmentos de obras, con sobras y trozos”.
Considerando la caracterización realizada por Levi-Strauss para el bricoleur y, comparándolo con las cualidades de Margot Loyola y las actividades llevadas a cabo por ésta a lo largo de toda su carrera, queda claramente en evidencia la concordancia entre este concepto y su materialización en la artista chilena. Levi-Strauss en su obra de 1964, se refiere al arte en los siguientes términos:
…en esta perspectiva, el arte se inserta, a mitad de camino, entre el conocimiento científico y el pensamiento mítico o mágico; puesto que todo el mundo sabe que el artista, a la vez, tiene algo del sabio y del bricoleur: con medios artesanales, confecciona un objeto material que es al mismo tiempo objeto de conocimiento”.
Bricoleur ?
Una de las labores más importantes de Margot Loyola que desarrolló durante la mayor parte de su trayectoria, fue la recopilación de cantos y danzas antiguas, tarea que llevó a cabo recorriendo pueblos a lo largo y ancho del territorio chileno. Además de ello, para realizar este compendio musical, la artista puso en práctica herramientas y metodologías propias de la disciplina de la antropología y la etnografía sin que académicamente tuviera formación en estas áreas. Ahora bien, Margot Loyola no solo se dedicó a recorrer Chile recopilando cantos y danzas, sino que también llevó a cabo numerosos talleres de educación musical durante varias décadas. Estos talleres tenían los siguientes objetivos: recopilar información sobre el ambiente musical local, enseñar el uso de la guitarra y diversos bailes tradicionales –sobre todo a jóvenes-, crear monitores folclóricos y, por último, revalorizar y fomentar la música “tradicional”. Dichos talleres –en los términos de Levi-Strauss- tuvieron un doble efecto en Margot Loyola. En primer lugar, la oportunidad de entregar sus conocimientos musicales a un conjunto de personas (receptores) y, en segundo término, es ser ella la misma la receptora de las vivencias y conocimientos musicales que le entregaban sus alumnos (emisores). En este contexto, cada taller se constituye en un proceso de enseñanza-aprendizaje en ambas direcciones. De esta manera, estos “trozos” de contenido llevan a una constante “creación y destrucción” de elementos, muchos de los cuales podrán incluso permanecer en “hibernación” o “suspenso”, hasta que el bricoleur pueda hallarles un sentido o uso a éstos.